En 2020 me hice un trasplante capilar y salió mal: la zona donante quedó dañada de forma irreversible.
Después de aquello me puse a leer estudios y a contar en YouTube lo que iba aprendiendo. Y empecé a mirar los suplementos capilares con ojos de proveedor: ingredientes interesantes a dosis simbólicas, extractos sin estandarizar y mensajes que ninguna etiqueta puede sostener.
Así que formulé desde cero, junto a un farmacéutico, con una regla: cada ingrediente está por una razón, a una dosis con sentido, y se puede explicar sin exagerar.